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Me saco la piedra de la zapatilla, me levanto de mi último tropiezo y me juro que nunca más volverá a pasar. Me duelen los huesos pero siento que el aire de tus besos soñados me suben el alma hasta las nubes de mis pensamientos. Abro la nevera de tus recuerdos y me bebo de un trago el zumo de los deseos con sabor a ti, enganchado a tu dulzura siempre ando sediento con la mirada perdida en el fondo del mar de tus olas. Enciendo la tele en blanco y negro y ésa pequeña ninfa escurridiza me pinta la mirada de colores nuevos, y vuelve a nacer la flor de la esperanza en mi, y vuelvo a soñar realidades platónicas... Todo es posible en el barrio de mis versos. Llevaba cientos de páginas pasadas en blanco en el libro de mis horas, hojas vacías y desgarradas de soledad, días que se hacían eternos sin ninguna gota de la tinta que se derrama por el acantilado de los deseos, ninguna flor creciendo en la selva de la verde esperanza. Me encontró el sol tras mi ventana una mañana más mientras los cristales rotos de mi sonrisa se volvían a juntar cuando mi mirada te encontraba trás la oscuridad. Alma llena de caramelos de dulces sabores desaciéndose en el paladar de mis sentimientos, quiero cogerte del cielo y guardarte en el bolsillo de mi pecho para no perderte jamás.
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