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Ninfas

Estrenos

Estrenos

Ponen un estreno de cartelera en el cine de mis pensamientos pero me quedo en la entrada consumiendo el humo de mis segundos. Tengo los pies helados tras caminar bajo hielo negro y busco una hoguera para poder sentarme en ella. El fuego no me quema ni las astillas de los leños me quiebran la piel, me escondo entre las llamas del único dolor que me vence. Le doy esquinazo al látigo de espinos que me atormenta envuelto en mantas de menta y estrellas negras.

Navegando

Navegando

Hoy se ha escondido el sol tras cortinas grises de tormenta mientras navegaba por alta mar. Mi barco se quedó sin velas y el único viento que las movía era la poca esperanza que aún me queda, ése viento que me ayuda a seguir avanzando para no quedar atrapado en los escollos, en los arrecifes. Hoy ha sido el día del golpe de timón, cambio de rumbo sin saber muy bien hacia donde voy ni hacia donde iré mañana. Lo importante es moverse, me he dicho mientras contemplaba mi rostro cansado en el cristal de mi botella de ron. Un garabato de Ulises huérfano de sirenas, es lo poco que queda de mí hasta que encuentre un destino.

Gateando

Gateando

Gateo por los tejados de mi noche sin luna, intentando atrapar estrellas con la punta de los dedos, se me escapan y me caigo de cabeza abajo. Me acerco a ésa puerta número veinte de la calle melancolía y unas letras hundidas en oro delatan tu rostro tras el grueso cristal del tiempo, solo percibo tu silueta pero las curvas del camino de tu cuerpo siguen siendo puntos negros para mis dedos. Me calzo las botas sin pisarme la cola, soy un gato un poco idiota desde que no estoy contigo. Busco un ovillo con el que jugar pero escapan de mí montados en el raudo viento de la soledad, el que me acaricia las mejillas y me estrecha el cuello cada momento. Lo que me nutre me destruye y si no como me muero. Duerme en mi cesto tan solo una noche y llenaré tus sentidos de dulzura gatuna.

Los bolsillos de mis recuerdos

Los bolsillos de mis recuerdos

Me meto en los bolsillos de mis recuerdos y encuentro pedacitos de ti en todos ellos. Gotitas de miel envueltas en esferas de brillante cristal, esos ojitos que me hacen perder la vista del mundo y me suben al paraíso de tu mirada envolviéndome como un regalo que vale toda una vida. Caminos de piel morena por donde me paseo con mis dedos hasta encontrar el rincón del placer, caramelos de fresa empapados de ese licor que me acelera el corazón cada vez que lo pruebo, cada vez que te beso en mis sueños, en mi realidad. Silencios separados por tanta distancia como ganas tengo de abrazarte y cerrarte entre las paredes de mi deseo y cumplirlos. Notas de esa canción preferida que es tu voz diciéndome cosas bonitas, susurrándome secretos que borran todas las fronteras, rompiéndome en trocitos para que más tarde me puedas volver a encajar como ese puzzle por acabar que es mi vida sin ti.

Mi canción

Mi canción

Se desliza sobre un manto de negra seda la gota de luz más preciosa, quimera épica de almas frágiles y fugaces. Son mis letras los silencios sostenidos de una canción amargamente dulce, destino de secretos huérfanos, palabras cayendo al vacío del más oscuro olvido. Rosas rojas visten un suelo de mármol negro, frío como cien años de soledad, como un tallo de espinas que ni el viento quiere abrazar. Se desvanecen los colores entre telas de lágrimas mojando su lecho, se ahogan los cantos de sirenas que nunca se dejan ver. Enmudece hasta el ruido con la tristeza hecha un amasijo dentro de mí, se me atraganta y me ahoga la impaciencia del tiempo corriendo sin sentido entre tragos de un vino que es el veneno que he elegido para morir.

Mi sueño de Morfeo

Mi sueño de Morfeo

Me dolía mucho la cabeza, supongo que de no dormir y comer poco, así que decidí acostarme un rato. No me costó nada cerrar los ojos y entregarme a Morfeo, el cuál me obsequió con un sueño en el que mis labios se deleitaban en recorrer un cuerpo desconocido, esculpido con la suavidad de la brisa, como un desierto lleno de dunas de perfectas curvas que nunca se terminaban. De repente todo el desierto se vino abajo, como si un reloj de arena se tratara.

Niebla y tabaco

Niebla y tabaco

El olor del tabaco envuelve mi habitación mientras las agujas del reloj van cayendo desde el pico de la medianoche hasta las profundidades de la madrugada. No siento que haya nada más vivo a parte de mi en este pequeño mundo forjado entre insomnios y pesadillas, tan solo algunas luces lejanas brillando débilmente y algún que otro ruido de esas máquinas que se engullen nuestra basura. Me asomé por la ventana, en pleno diciembre, con manga corta y sin miedo del frío de ésa ciudad de la cual era una gota más de vida. No tenía miedo de ése frío porque temía más al frío que se cala en el alma cuando te sientes solo y despojado de cariño. A decir verdad a este último ya me estaba acostumbrando con el tiempo, y ya no me daba miedo pasearme con el alma desnuda por el mundo, poca cosa tenía ya a perder, pues lo creía todo perdido. Me quedé unos minutos observando, intuyendo los perfiles de las casas entre esa niebla que tanto se parece a una mirada ahogada en lágrimas. Demasiada melancolía para tan poco espíritu, en aquellos momentos me desmoroné como el castillo de arena que se engulle el mar y las playas de mis pómulos se humedecieron con gotas saladas perdiéndose en mis labios.