Ninfas |
Este es mi mundo de ninfas, las gotas exprimidas de ése amor recién cogido del árbol de los sentimientos. |
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Largas travesías por desiertos, buscando la fuente de mis sonrisas. Largas noches frías abrigado con el manto de la soledad, esperando el momento en que vuelva a brillar el sol de tu mirada a mi lado. Cada vez queda menos para poder hacernos a la mar de nuestros sueños, de compartir ese pequeño tesoro que es cada segundo pegado a ti. Quiero desafiar a la rutina día tras día para plantar nuestra bandera en la cima de la felicidad. Eres ésa primera gota de rocío que se desliza por mis pensamientos nada más nacer un nuevo día. Eres el susurro del mar de mis sueños, la suave brisa acariciando y avivando mi piel, mi fuego. Eres el sustento de mi existencia, la necesidad de tu presencia no se diluye con el paso del tiempo, adicto a tus besos sigo despierto cazando en los valles de tus labios. Tengo ganas de que nos atemos los cordones y vayamos juntos andando por la ruta de la felicidad que emprendí el día que te conocí. Silenciado por la ruidosa rutina, mi voz busca el camino por donde seguir avanzando hacia su único destino. Las grises nubes empiezan a desvanecerse con los primeros hilos de luz, calienta mi piel ése calor penetrante que desprende tu mirada bajo el cielo de nuestra intimidad. Mis dedos dibujan carícias por tu pelo mientras se funden nuestros cuerpos en un fuego que nunca cede. La felicidad recorre mis labios sabiendo que estás a mi lado. La noche me viste de sueños del color de tus ojos, me arropan los lienzos de tus dedos abrazándome, inyectándome ese calorcito de la estufita que quema en tu pecho. Despierto buscándote a mi vera y siento tu presencia, tu aroma, la fragancia del perfume que me embriagó desde la primera vez que me invadió. Aunque tu piel esté lejos en estos momentos, mis manos recuerdan cada uno de los rincones de tu suave paisaje como si los estuviera recorriendo en ese mismo instante. Aún así cada vez se acrecenta el deseo de volver a darte la bienvenida a mi lado, de volver a robar de tus labios el sabor de la felicidad. Subo, bajo, me paro, me enciendo, me freno, me arranco, voy girando dentro del tambor de la lavadora de mis pensamientos, limpiando y suavizando las ropas de mis momentos contigo. Destilo el vino de tus finos besos, frutos prohibidos que ansío probar incesantemente. Toco las cuerdas de la guitarra de tus sentimientos, canciones que vibran por dentro como si cada momento compartido fuera el primero, como si la felicidad fuera áquel horizonte que nunca se acaba. Sigo dando la vuelta al mundo de tus ojitos, al calor de tus dedos recorriendo los caminos de mi piel. Lo tengo todo cuando te tengo y tengo lo que tanto quise en mis viejos sueños, todo lo que ocupa ahora mis sueños, todo lo que llena esa botella cristalina que es mi vida llena contigo. Desenfundo los colores del estuche de mis sentimientos, dibujo en tus pensamientos peces del rojo intenso de mi pasión sobre los mares de tus ojos, un sol naciendo tras las colinas del silencio con las más dulces palabras colándose por la ventana de tu alma. Desnudo a la tristeza borrándole sus negras ropas, la dejo blanca para pintarla más tarde de la esperanza más verde que ha crecido jamás en los jardines de los deseos. Se tiñen los pétalos de las flores de tus sueños de los colores más alegres, de la felicidad más cálida y cambia el semblante de tu rostro, vuelves a sonrojarte cuando te escribo con susurros todo lo que te quiero. Pasamos entre acantilados, entre estrechas sendas empinadas y peligrosas. Con el viento en contra, se va desmoronando la tierra a nuestros pies, se derrumban los pilares de nuestra niñez, todo eso que nos llenó de dulzura hace años. Nos vamos curtiendo como la roca limada por la brisa, van escribiendo largas líneas las pisadas que vamos dejando a nuestro paso en las hojas de nuestra historia. La injusticia se alía con la mala fortuna, los rincones más oscuros y sucios del hombre afloran como mala hierba, y nada tiene sentido entre estas cuatro paredes que son este mundo que se va marchitando a marchas forzadas. Al final del camino se ve una luz, ilumina nuestra esperanza y hace brillar nuestros sueños, seguro que mañana se hacen realidad y volvemos a pintar la vida con una sonrisa. |
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