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 Te saltas una y otra vez las aduanas que hay entre las tierras del odio y el amor, cruzas el río de mi paciencia sin mojarte los pies, siempre con los pies despegados del suelo cuando estas junto a mi, siempre con los lastres de tu soledad empujándote hacia abajo. Tu cuerpo son las olas del deseo en la marea de la pasión, mis dedos son esos peces que aletean dentro de ti, mariposas de agua de alas de caricias añoradas. Eres el tinte que cubre mis sueños, la mágica habitación en que ninguna pesadilla me encuentra. Nada me importa cuando me arropa tu olor, el aroma del calor de tu piel junto a la mía, cuando el árbol del placer deja caer cada uno de tus besos hacia mi. Voy tejiendo un traje de princesa con mis cristalinos sentimientos para algún día poder ponérselo a la princesa de mi vida.  Vuelve a las andadas la bandera de la esperanza escondiéndose tras las formas de la brisa de primavera, cogiendo las formas ondeadas de un mar lleno de aire nuevo, de agua cristalina que nadie ha ensuciado. Bajo el telón de la noche aguardaba bien abrigado un sueño que saliera el sol para abrir sus ojos, una mirada clara con forma de mapa del tesoro, unos ojos donde colarse para tomar prestado una pizca de alegría, de dulces simfonías de felicidad. La blanca princesa bajada del cielo, esconde sus plumosas alas bajo la blanca piel de seda que viste sus sentimientos. Besos enjuagados en anís, finos caramelos de fresa, deseo encadenado a lo prohibido, encerrado de momento en el calabozo de la lejanía, anhelos evaporados con el calor de la realidad, pero sigue bailando la esperanza alrededor del fuego de la loca pasión.  Se hicieron eternas las ocho horas en la jaula de tu ausencia, cada minuto una punzada en cada uno de los recuerdos que hablan de ti, cada segundo una mota de oscuridad en la luz de la que tus ojos llenaron la casa de mis sueños. Llegaste desde el vacío de la inmensa soledad y lo llenaste todo con tu presencia, evanescente, invisible pero tan presente como tu nombre en mis pensamientos durante todo el tiempo que el silencio ha hablado por ti. Me enredo entre la verde espesor de mi imaginación y encuentro tu aroma, siento tus dedos rozándome la piel, incluso llegando al alma para acariciarla con dulces palabras y besos de miel que se derrama en un atardecer de placer desatado. Ya anhelo dar forma a mi deseo, correr el tupido velo de la incerteza y encontrarte ante mi, con esa alegre mirada contagiándome de felicidad.  Se abren las puertas del misterio de tu carita reluciente entre la oscuridad, cogen forma esos pecados condensados en besos sonriendo una y otra vez, y aunque te encuentres muy lejos me contagias todo lo que veo y lo siento aquí, y te siento aquí. Me recoges y me dejas en la parada de la calle felicidad, embobado mirando a mi alrededor los colores de tu alegria. Pero no te has ido sigues ahí, mirándome con los ojos que descubrieron los míos entre una multitud de cristales de colores, y me subo a la barquita de los sueños y remo hacía ti, cada día un poquito más, para poder llegar algún dia a tu lado.  Me siento en las escaleras de la locura y caigo rodando por ellas, me levanto y me miro a un espejo que te delata tras de mi, me doy la vuelta y se desata el vuelo de mil pétalos de flores en mi interior, un calor insofocable que me despierta de este letargo de helada soledad. Me dejo atar por los nudos de tu mirada, cayendo en un espiral que me subyuga a tus deseos y cada vez más profundo caigo en un sueño del que no quiero escapar. Mantienes llenos de aire los pulmones de la esperanza, preparándote para regalarme ésa racha de ilusiones vistiéndose de realidad. Eres la blanca luna de la noche en que tuve la suerte de encontrarte bajo la oscuridad nocturna.  No se que decirte cuando te acercas, cuando te tengo adentro, se ahogan mis palabras en una tormenta de felicidad contagiosa, se borra todo lo demás y solo te puedo mirar a ti, y no encuentro nada más en mi mirada que no sean tus ojitos de princesa de fresa, como los labios que se balancean sobre el deseo de besarlos, y me quedo paseando por tu piel de lunita pecosilla como si fuera el jardincito de mis sueños, donde planto con mis dedos caricias y brisa de mi boquita, y aunque no sepa que decirte mi corazón late a cada instante más veloz cuanto más te acercas, hasta que el aire desaparece entre nosotros y nuestras pieles se funden de placer.
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